El Mundo - 17.10.2019

(Axel Boer) #1

EL MUNDO. JUEVES 17 DE OCTUBRE DE 2019
18


ESPAÑA
i


Barcelona vive, a la espera del
viernes, como si le temblara el
suelo bajo las pisadas de los bá
ad portas. Las cinco columnas
tractorianas que se han apodera-
do de las autopistas circundantes
y marchan sobre la ciudad harán
una entrada coincidente con la
huelga general extorsiva. Se da
encima la excéntrica circunstan-
cia, imposible de observar en
otros ámbitos donde lo institucio-
nal y lo insurgente permanecen
disociados, de que el máximo re-
presentante de la autoridad, To-
rra, se ha dejado ver al frente de
una columna y sigue prodigándo-
se en arengas estimulantes para
los incendiarios, así como expi-
diendo unos certificados de infa-
libilidad popular que tienen pro-
piedades ignífugas porque no los
rebate ni el fuego.
Mientas esto ocurre, Barcelona
ha rendido su cotidianidad. A pe-
sar de los cortes policiales, las
avenidas como Aragón y Valencia
fluyen descargadas de tráfico
porque muchas personas han de-
cidido aplazar su vida hasta que
puedan vivirla en paz. Citas can-
celadas, actividades pospuestas,
renuncias. En el crepúsculo, el
centro queda liberado para que lo
trasieguen los airados y los turis-
tas cuyo hotel está dentro de ese
perímetro parecen náufragos lan-
zando un SOS cuando, cargados
de maletas que luego arrastrarán
en la caminata, piden con una

aplicación del móvil taxis que ja-
más llegarán.
Ayer comenzó el bloqueo uni-
versitario. Con la aquiescencia de
los rectores, ya sea por complici-
dad o por miedo, la minoría ideo-
lógica que mantiene cautivos los
campus ordenó el vaciamiento de
las aulas. Esto motivó una con-
centración de respuesta en la pla-
za de la Universidad del colectivo
S’ha acabat, compuesto por estu-
diantes de voluntad transversal
aunque constitucionalista que se
declaran hartos de acatar los
chantajes del matonismo univer-
sitario. Son chicos prolijos, bue-
nos oradores, algo nerds, que en
otra ciudad estarían llevando una
vida rutinaria, de estudio y guate-
ques, pero que aquí están apren-
diendo ciertos matices heroicos
relacionados con la defensa de la
libertad primaria.
Anhelan arrancar del confor-
mismo a todos aquellos que que-
rrían estudiar incluso cuando el
independentismo manda que no
se haga. Los han agredido hasta
con extintores y, en general, están
acostumbrados a inspirar bajos
instintos violentos. Usan casi co-
mo himno el Resistiré del Dúo Di-
námico y, con sus banderas na-
cionales, forman en la calle una
islita humana que parece amena-
zada por un ecosistema hostil.
Ayer, mientras hablaban, los mo-
toristas que les pasaban cerca les
gritaban «¡Fachas!» y les tensaban
dedos. Algunas cuadrillas de acti-
vistas con aspecto batasuno eran
inmediatamente detectadas por
los Mossos, que las sometían a
marcaje estrecho cuando intenta-

ban colarse entre la concurrencia.
Otros trataban de intimidarlos
grabándolos con los móviles, co-
mo si los estuvieran identificando
para darles luego algún disgusto.
A los estudiantes de S’ha aca-
bat los acompañaron represen-
tantes de Ciudadanos, como Inés

Arrimadas, y del PP. Al grupo de
Cayetana Álvarez de Toledo y
Alejandro Fernández lo envuelve
estos días una protección policial
que evoca los años vascos. En
realidad, es una situación estimu-
lante para un político vocacional
que crea en la defensa de ciertos
valores y no limite su oficio al
acaparamiento de cargos y pre-
bendas relacionados con el cota-
rro de la partitocracia. Álvarez de
Toledo, que durante la anterior
campaña electoral sufrió un es-
crache violento en la Autónoma,
pronunció en la plaza una pala-
bras unamunianas para denun-
ciar que es la tiniebla indepen-
dentista la que hoy mata la inteli-
gencia en las universidades.
Éstas, según agregó, son una re-
producción a escala de la socie-
dad que tampoco sabe cómo libe-
rarse de ese matonismo con pro-
longación institucional que está

cumpliendo su propósito de para-
lizar las vidas de sus ciudadanos,
todos ellos convertidos en rehenes.
La Policía recomendó dispersar-
se de la plaza de la Universidad,
una vez terminado el acto, como si
tampoco conviniera exponerse en
un mismo lugar durante demasia-
do tiempo. De hecho, era el cam-
bio de turno: al centro iban aflu-
yendo los manifestantes convoca-
dos por los CDR que, bajo un
pretexto higiénico, traían rollos de
papel de baño que, una vez lanza-
dos, recordarían la estética de los
fondos de estadio argentinos. El
centro urbano ya estaba resignado
a una nueva ocupación. Y muy
pronto, en los cruces de calles del
Ensanche, activistas enmascara-
dos prendieron fuego a contenedo-
res mientras recibían reproches de
los vecinos. Nadie pudo evitar que
las llamas alcanzarán a ciertos co-
ches que empezaron a arder.

La escena no tenía desperdicio. Sala Oval
del Museo Nacional de Arte de Catalunya
(MNAC) en la montaña de Montjuïc. Entre-
ga de los premios Planeta de este año. An-
tes de dar a conocer los galardonados, lle-
ga el postre: tarta Sacher. En las mesas,
rostros de preocupación, idas y venidas de

invitados preguntando y/o comentando so-
bre la violencia que el independentismo ra-
dical estaba ejecutando en el centro de Bar-
celona. Las imágenes estaban llegando di-
rectamente a través de las redes sociales.
Josep Sánchez-Llibre, presidente de Fo-
mento del Trabajo y ex diputado de Unió,
al lado de la diputada de Ciudadanos, Inés
Arrimadas, sin parar de mirar el móvil.
¿Subirán las hordas hasta aquí arriba? Era
una pregunta recurrente. Más de uno feli-
citó a los organizadores por haber decidido
hace meses cambiar la sede del acto, que
antes se celebraba en el Palacio de Congre-
sos de la Diagonal de Barcelona.
En la mesa presidencial, junto al presiden-
te del Grupo Planeta, Josep Creuheras, no
faltaba la representación del Estado. La vice-
presidenta del Gobierno Carmen Calvo; la

presidenta del Congreso, Meritxell Batet; el
presidente del Senado, Manuel Cruz; el mi-
nistro de Cultura, José Guirao, listos para ir
a la ceremonia de entrega de los premios.
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se
había ido un poco antes al conocer que
aquellos a que tantas veces ha querido de-
fender y perdonar le estaban incendiando la
ciudad. En esa mesa presidencial, un año
más no había ningún representante de la
Generalitat de Cataluña, aunque había dos
ex presidentes de la devaluada institución.
Durante unos minutos me fijé en el que ve-
ía con más claridad, Artur Mas. El otro era
José Montilla. Mas parecía ajeno a todo lo
que ocurría alrededor. Con la cabeza gacha,
llevándose el tenedor a la boca, iba comien-
do lentamente su tarta sacher. Rostro caria-
contecido, como si nada fuera con él.

Mas, la esperanza blanca del nacionalis-
mo moderado, el preferido de la burguesía
barcelonesa harta del tripartito de izquier-
das que gobernó Cataluña. Mas, el que ga-
nó aquellas lejanas elecciones autonómi-
cas liderando la extinta CiU el 26 de no-
viembre de 2010 con un discurso business
friendly, el mismo que se apoyó del PP pa-
ra aprobar los Presupuestos del año si-
guiente y que al final del verano de 2012
decidió emprender un salto al vacío. Mien-
tras España estaba al borde de la interven-
ción fue a pedirle a Mariano Rajoy un
pacto fiscal para Cataluña irrealizable en
aquel momento. Mas avanzó las nuevas
elecciones en Cataluña y, a la vista de los
malos resultados, decidió encender el pri-
mer fuego. Hoy, sus herederos incendian-
do, y él comiendo tarta sacher.

Y Mas comiendo


tarta sacher


610,8 KM


MARTÍ


SABALLS


Muera


la inteligencia


Barcelona es presa de la excentricidad: el


máximo representante de la autoridad, Torra,


se pone al frente de una columna y se prodiga


en arengas estimulantes para los incendiarios


Un manifestante porta unas botas con la estelada durante los disturbios del pasado lunes en Barcelona. REUTERS


DAVID GISTAU


Muchas personas
han decidido aplazar
su vida hasta que
puedan vivirla en paz

Cuadrillas de
activistas con aspecto
batasuno graban a los
Mossos con el móvil

DESAFÍO SOBERANISTA LA OPINIÓN

Free download pdf