El Mundo - 10.09.2019

(Jacob Rumans) #1

EL MUNDO. MARTES 10 DE SEPTIEMBRE DE 2019
14


ESPAÑA
i


QUICO ALSEDO ALMERÍA
Un atuendo blanco, blanco virginal,
con cierta transparencia. El pelo, li-
so, o mejor dicho alisado, pulcramen-
te. Unas zapatilla Adidas, azules, di-
ríase que juveniles. El rostro casi
siempre serio, con excepciones: al-
guna media sonrisa, leve, más ges-
tual que real. Un par de instantes de
lágrimas, no explícitas pero sí apun-
tadas, veremos si de cocodrilo. La
mirada en general perdida, otras ve-
ces al frente, o hacia la parte contra-
ria, la acusación. Y la empatía, la ca-
pacidad para comprender y evitar el
daño a los demás, veremos dónde.
Lo veremos hoy, concretamente.
Esta, en esencia, fue la puesta en
escena ayer de la dominicana Ana
Julia Quezada (45 años) ante el ju-
rado popular y el tribunal que la
juzgarán, durante los próximos
ocho días, por la muerte del niño de
ocho años Gabriel Cruz en febrero
de 2018. El término, puesta en esce-
na, es teatral porque, nos ponga-
mos como nos pongamos, la fama
de Quezada procede de una insólita
representación dramática: esos 12
días en que simuló seguir siendo
pareja de Ángel, el padre del niño,
y no la homicida de su hijo.

Lo hizo ante toda España y lo hizo
sin pudor. Hasta que la Guardia Civil
le dijo a los periodistas que dejaran
de perseguirla y ella, a los 12 días de
charada, fue a la finca familiar de
Rodalquilar, desenterró al niño de
donde lo había sepultado –intentan-
do cortarle con un hacha el brazo iz-
quierdo, que no cabía, según anun-
ció ayer la acusación–, y se lo llevó
en el maletero. «Yo no he sido, yo no
he sido», le dijo a los guardias civiles
de la UCO que la detuvieron. «Tenía

lista la cortada porque su gran capa-
cidad es el cálculo», dicen los psicó-
logos del Instituto Armado.
Son todos los rostros de Ana Julia
Quezada, a punto de emerger hoy en
el grand finale de su obra: su decla-
ración ante la Justicia. Las máscaras.
La mujer simpática de Cabo de Gata,
que charlaba con todo el mundo, pa-

seaba a su perro y parecía al fin en-
cauzar su vida a la orilla de Medite-
rráneo, quizás oculta de anteriores
andanzas. La dominicana ambiciosa
que llega a España en 1992 para tra-
bajar en un club de alterne, sospe-
chan los investigadores –dato que ci-
menta en origen el interés económi-
co por desesperación–, y desposa
posteriormente con un cliente. La
mujer que engatusa a un joven bur-
galés para trasladarse ambos a Las
Negras, en Cabo de Gata, y luego lo
deja tirado al verle
más posibilidades a
otro hombre.
La asesina, ca-
paz de premeditar
recoger a Gabriel
en coche y sorpre-
sivamente el pri-
mer día de trabajo de su padre, lle-
várselo a la finca con la añagaza de
que iban a pintar juntos unas puer-
tas, matarlo a golpes y asfixiándolo
por si acaso, enterrarlo sin hacerle
ascos a cortarle un brazo (sin lo-
grarlo, pero dañándole el hueso), y
luego fumarse unos cigarros y, en
efecto, pintar las antedichas puer-
tas. Capaz, como sostuvo la acusa-
ción, de «matar a Gabriel a sangre

Todos los rostros de Ana


Julia Quezada, a escena


En el inicio del juicio por la muerte de Gabriel, la acusación


sostiene que mató al niño «a sangre fría» / Hoy toma la palabra


Ana Julia
Quezada
custodiada
por la Policía,
ayer, en
Almería. EFE

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La asesina confesa,
con la mirada perdida,
ensayó un tímido lloro
cuando entró el jurado
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