El Mundo - 10.09.2019

(Jacob Rumans) #1

EL MUNDO. MARTES 10 DE SEPTIEMBRE DE 2019
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OTRAS VOCES


MIENTRAS EN MADRID se discute si Pablo Igle-
sias se conformará o no con las responsabilidades
que Sánchez está dispuesto a cederle en organismos
tan decisivos como el Defensor del Pueblo, la CNMV
o el CIS (Centro de Investigaciones), en Bruselas ha
comparecido Christine Lagarde, la candidata a presi-
dir el BCE en los próximos ocho años. Lagarde ha
subrayado que su mandato tendrá que moverse en un
mundo dislocado: tensiones entre China y Estados
Unidos, deterioro medioambiental, desempleo y de-
sigualdad y auge de partidos populistas –identitarios
y antiglobalización– que ponen en cuestión el orden
liberal que nos dimos después de la Segunda Guerra
Mundial y el proyecto europeo.
Christine Lagarde llega en circunstancias muy di-
ferentes a las que llegó su antecesor: la economía eu-
ropea está en mejor situación que la que heredó
Draghi, pero en los últimos meses ha entrado en un
periodo de desaceleración y, lo que es peor, en el ho-
rizonte se otean nubarrones. Y es un hecho que hoy
disponemos de menos pólvora para luchar contra una
posible recesión. La política monetaria no puede dar
mucho más de sí, y es utópico creer que podemos ti-
rar de la política presupuestaria cuando estamos en-
deudados hasta las cejas. No parece tampoco que ha-
ya líderes capaces de poner en marcha un proceso de
reformas estructurales ambicioso. Como recuerda
Juncker, el presidente saliente de la Comisión, nues-
tros dirigentes saben lo que hay que hacer, pero no
saben lo que hay que hacer para ganar unas eleccio-
nes después de haber hecho lo que había que hacer.
Pero vayamos por partes.
Los principales indicadores económicos alertan de
que podemos entrar en recesión dentro de unos me-
ses. Cada vez que el rendimiento del bono soberano
a diez años ha sido menor que el del bono a tres me-
ses se ha producido una crisis más pronto que tarde.
Eso es lo que pasó en Francia (1970), en el Reino Uni-
do (1980), en Alemania (2000) y en Estados Unidos
(la crisis puntocom de
2001). La curva de rendi-
miento americana se in-
virtió en marzo y la cosa
sigue igual ahora. Las
compras de las empre-
sas han caído estos últi-
mos meses, lo mismo
que el promedio de ho-
ras trabajadas en el sector manufacturero. Cierto es
que las cifras de crecimiento y desempleo, y los índi-
ces bursátiles americanos señalan que el periodo de
crecimiento de la economía americana ha sido el más
largo desde la Segunda Guerra Mundial. Pero eso no
es nada tranquilizador porque, como dice el Génesis,
a unos años de vacas gordas siguen inexorablemen-
te otros de vacas flacas.
¿Qué hacer si se confirman estos pronósticos? Lo
más importante es hacer un diagnóstico correcto.

Nouriel Roubini (The Anatomy of the Coming Reces-
sion) cree que la crisis que viene no será una crisis de
demanda como la de 2008 sino una crisis de oferta
provocada por tres causas: la guerra comercial y de
divisas entre China y los EEUU, la guerra por el con-
trol de las nuevas tecnologías y la posible subida del
precio del petróleo si se complica la situación en Irán.
Por no hablar del Brexit o de Argentina. Aviso a na-
vegantes: si cae la tormenta, los europeos seremos los
más perjudicados porque dependemos más de las ex-
portaciones que otros: en 2017, representaron el
27,9% de nuestro PIB, mientras que en los Estados
Unidos no superaron el 12,1%. Lagarde no ha com-
partido explícitamente este diagnóstico, pero he de-
ducido de su lenguaje verbal que sí está de acuerdo y
ha dicho algo evidente: no es lo mismo luchar contra
la inflación, que es lo que hemos hecho históricamen-
te, que luchar contra la deflación.
Siendo distinta la naturaleza de la enfermedad pa-
rece evidente que las terapias no pueden ser las mis-
mas. Lagarde no se ha mojado demasiado; se ha limi-
tado a señalar que la política monetaria debe seguir
siendo muy acomodaticia en un horizonte previsible,
pero no ha querido ir mucho más lejos. Lo que sí ha
precisado –con rotundidad incluso– es que no está
dispuesta a actuar como el llanero solitario como hi-
zo Draghi; pretende que las demás instituciones eu-
ropeas y de gobiernos nacionales colaboren con ella
en mantener el barco a flote. En materia presupues-
taria se ha mostrado partidaria de flexibilizar el Pac-
to de Estabilidad y Crecimiento y ha invitado a los
alemanes a embarcarse
en una política fiscal
más agresiva. Pero don-
de ha insistido más es
en la necesidad de
abordar las reformas
necesarias para preser-
var la integridad de la
eurozona.
Como en Deusto me
enseñaron a decir las
cosas y no cosas he ter-
minado mi intervención
con algunas conclusio-
nes en forma de pre-
guntas. ¿Hasta dónde
pueden caer los tipos
de interés sin afectar a
la rentabilidad de los
bancos y la estabilidad
financiera? ¿Va a seguir
el BCE aferrado a la
norma que relaciona
qué deuda comprar con
el tamaño de la econo-
mía, o va a ser más fle-
xible para premiar a los
países que se embar-
quen en un proceso de
reforma y penalizar a
los que sigan anclados
en el pasado? ¿Cree
que el Banco Central
debe seguir limitando
sus tenencias de deuda
a un tercio de la deuda
de cada país o que po-
dría estirarse un poco más? ¿Seguirá el BCE priman-
do la compra de bonos públicos o comprará más bo-
nos corporativos? ¿Podría ampliarse la política de fle-
xibilización monetaria a la compra de bonos
bancarios? Me ha prometido que de eso hablaremos
pronto. Ya les contaré.
Y eso me lleva a volver a hablar de España. No ne-
cesito extenderme mucho sobre la situación de
nuestra economía porque lo ha hecho recientemen-
te mi correligionario Daniel Lacalle: «Un país como
España, con el segundo mayor porcentaje de deuda
externa del mundo, alto desempleo, un sector em-
presarial pequeño y frágil e importantes desequili-
brios fiscales y comerciales, no puede ignorar los
riesgos a los que nos enfrentamos, sobre todo cuan-
do los datos internos empeoran a ojos vista... es ho-

ra de dejar las políticas de demanda y aplicar políti-
cas de oferta» (Argentina y Alemania, más señales
de alarma, 17 Agosto). La conclusión que saca La-
calle de estos datos es la misma que la avanzada por
Roubini: «Es hora de dejar las políticas de demanda
y aplicar las políticas de oferta». Y eso exige coger
el toro por los cuernos y reformar nuestro sistema
productivo de arriba a abajo.

SI SE ME PERMITE la humorada, recordaré que en
España todo dura 40 años; la primera Restauración
duró 40 años, lo que va de Cánovas (1875) a Dato
(1921); la Dictadura duró otros 40 años, (1936-1975);
la Transición empezó en 1977 y terminó cuando en
2015 y precisamente como consecuencia de la crisis
saltó por los aires el bipartidismo. Lo que ahora toca
es empezar una segunda transición que actualice
nuestro sistema de convivencia: revisión de la Cons-
titución para adaptarla a los nuevos tiempos, reforma
de las instituciones públicas (Senado, Justicia), actua-
lización del sistema tributario, incluyendo la financia-
ción de las Comunidades Autónomas y de la Seguri-
dad Social y un aggiornamento de nuestro sistema
productivo para ganar en productividad y hacer así
posible el aumento de los salarios y el sostenimiento
del Estado de Bienestar.
Es obvio que esta segunda transición no puede
abordarse sin un acuerdo de los tres grandes partidos
constitucionalistas –el PSOE, el PP y Ciudadanos–. Ni
el PP ni Ciudadanos aceptarían nunca un gobierno de
coalición con Sánchez por separado porque eso su-

pondría ceder al otro el monopolio de la oposición.
Tienen que entrar los dos. Como he dicho en otra
ocasión, conociendo a Sánchez, esta grosse koalition
solo será posible si se basa en un acuerdo muy con-
creto y para un periodo determinado. Más o menos lo
que se hizo en 1977 con los Pactos de la Moncloa y la
Constitución de 1978. Una especie de Union sacrée
que bien podría llamarse Juntos por España. Si no lo
hacemos por patriotismo, hagámoslo para que la cri-
sis que se otea en el horizonte no se lleve por delante
lo que tantos años nos ha costado hacer. Concluida la
tarea, se disuelven las Cortes y al que Dios se la dé,
San Pedro se la bendiga.

José Manuel García-Margallo y Marfil, eurodiputado, ha
sido ministro de Asuntos Exteriores.

Ni PP ni Cs aceptarían un
gobierno de coalición con el
PSOE por separado. Se
necesita un acuerdo de los tres

SEAN MACKAOUI

Con una aciaga


coyuntura económica, el autor apuesta


por abordar en España una segunda


transición que revise la Constitución,


actualice el sistema tributario y reforme


nuestro sistema productivo.


TRIBUNA iPOLÍTICA


Juntos


por España


JOSÉ MANUEL GARCÍA-MARGALLO

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