El Mundo - 10.09.2019

(Jacob Rumans) #1
EL MUNDO. MARTES 10 DE SEPTIEMBRE DE 2019
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OPINIÓN i


RAFA NADAL, con 33 años, acaba de ga-
nar el US Open, uno de los cuatro torneos
más importantes y por tanto más exigentes
del mundo. Serena Williams, de 37, ha sido
finalista en el mismo torneo. Nicola Scola,
con 40 años, sigue brillando en la selección
argentina de baloncesto. Paul Gasol, de 39,
también se mantiene en el primer nivel de
competición en la mejor liga de baloncesto
del mundo. Tom Brady, con 41, es el eterno
campeón de la liga de fútbol norteamerica-
no. El filipino Manny Pacquiao es campeón
del mundo de boxeo también con 40 años.
Alejandro Valverde lo es en el ciclismo con
39 años. Valentino Rossi continúa compi-
tiendo a buen nivel en MotoGP con 40.
Michel Phelps consiguió sus últimas
medallas de oro olímpicas en Río de Janei-
ro, cuando contaba ya con 31 años. Ona
Carbonell sigue siendo una de las tres me-
jores nadadoras de sincronizada del mun-
do con 29, una disciplina deportiva en la
que con 20 años ya estás para jubilarte. El
propio Cristiano Ronaldo es uno de los
dos mejores futbolistas del mundo a sus
34 años, una edad en la que hace apenas

una década se decía que sólo los porteros
podían aguantar en la primera línea. To-
dos estos campeones llevan diez o quince
años compitiendo al máximo nivel, con le-
siones, pero sin perder su categoría frente
a contrincantes más jóvenes.
Los expertos dicen que esto irá a más y
nos tendremos que acostumbrar a ver equi-
pos de fútbol con edades medias por enci-
ma de los 30 años. Esta longevidad depor-

tiva es fruto de los avances en la medicina
y las psicología del deporte y de las mejoras
en las técnicas de entrenamiento.
Esas técnicas, esos avances y esas me-
joras también llegan al resto de la socie-
dad y son la razón de que cada vez au-
mente más la esperanza de vida y de que
jubilarse a los 65 se vea ya como una cifra

obsoleta en muchas profesiones. Si a ello
se suma que, al menos en Occidente, no
hay visos de que la caída de la natalidad
vaya a darse la vuelta, tenemos una foto-
grafía de lo que llega: una sociedad cada
vez más longeva y más sana.
Si en el deporte podemos decir que los
treinta son los nuevos veinte, en la sociedad
empieza a ser una realidad que los sesenta
son los nuevos cuarenta. Y eso supone una

revolución para las cuentas públicas –la
maltrecha Seguridad Social es el mejor
ejemplo, pero tiene más repercusiones– y
para muchos sectores empresariales: ocio,
turismo, medicina, moda, alimentación,
banca, vivienda... se tienen que adaptar a
los nuevos tiempos. Vienen muchos cam-
bios sociales. @vicentelozano

NO ESTOY seguro de que la mejor ma-
nera de que el público lo perciba a uno
como un ganador sea andar por ahí insis-
tiendo en la propia insuficiencia. Esto
puede ocurrirle a Pablo Casado, que vie-
ne de dejarse barba para acortar los pla-
zos de maduración hacia la condición
plena de lobo de mar, con ese producto
llamado España Suma que vende puerta
a puerta pero no le compran ni en su pro-
pio partido y que despierta un entusias-
mo descriptible. Se está poniendo tan rei-
terativo que habrá que vigilar por la miri-
lla cuando suena el timbre con el mismo
temor que a los testigos de Jehová.
La insuficiencia del PP, antaño gran
partido aglutinador de su propio ecosis-
tema, es, por otra parte, evidente. Pero,
para empezar a repararla, tal vez sería
más indicado que el heredero de seme-
jante maquinaria de poder venida a me-
nos no se comportara como quien inten-
ta juntar pandilla en el patio porque no
se atreve a encarar solo a un político
más fuerte. O que prefiere diluir en una
papilla de siglas pasadas por la batidora

el espacio patrimonial perdido que no se
siente capaz de reconquistar. Por com-
paración, logrará que los líderes que le
rechazan el invento parezcan más llenos
de resolución, más confiados en sí mis-
mos. Porque, más allá de las injusticias
de la ley electoral, ningún presidente del
PP había presentado una doctrina basa-
da en la debilidad, ya interiorizada como
definitiva, de su partido. Los tiempos

han cambiado pero no hace falta rendir-
se así a ellos. El PSOE no lo hace.
A veces surgen esfuerzos involunta-
rios por hacer pasar a Pedro Sánchez
por un político gigantesco. Éste es uno
de esos casos. Ante él, añadiendo una
confesión implícita de que el PP no pue-
de derrotarlo, Casado pide una alianza

tribal como la de Vercingétorix contra
César. Y, tal es el miedo, propone la alie-
nación de tres partidos que no son igua-
les, que de hecho traen idearios muy
distintos en todo lo que no sea el natu-
ral rechazo a los enjuagues de Sánchez
con el nacionalismo. Religión, econo-
mía, europeísmo, moral, costumbres...
Tantas y tantas diferencias de visión en
las que un electorado también debe re-

parar para decidir su voto. Pero que Ca-
sado quiere anular, por culpa del lastre
psicológico del derrotado de antemano,
hasta cuajar el más primario país bipo-
lar. Que, por cierto, es el que conviene a
Sánchez y a las mendaces arengas anti-
fascistas –el trifachito– que son el único
catalizador de su voto.

TRES asociaciones de jueces han pedido
responsabilidad y respeto a los medios en
el tratamiento del juicio a la asesina
confesa de un niño. Y piden que no se
hagan «especulaciones» ni «juicios de
valor» ni «veredictos». Razonables y
dignas peticiones todas ellas. Ahora solo
hay que preguntarse qué juicio en España
discurre en los medios sin
especulaciones, juicio de valor o
veredictos. Y, sobre todo, por qué los
jueces no dejan oír su voz en otros
juicios, especialmente los que se ocupan
de la corrupción política, donde la
denuncia de las sentencias mediáticas
tendría mucho más sentido que en este de
una asesina confesa. La razón debe de
estar vinculada con la evidencia de que
jueces y fiscales están, junto con la
Policía, entre los principales
suministradores –filtradores– del material
fáctico que permite a los medios especular
y sentenciar. No habiendo sufrido la
acusada más sentencia social que la
derivada de su propia confesión y muy
limitada por las característica del propio
hecho –aunque siempre haya resquicios–
la tentación conspiranoica, más parece
que los jueces se hayan dedicado, como no
es en ellos infrecuente, al toreo de salón.
Es obvio que algunas coberturas
informativas no escapan a la vil vulgaridad

que tantas veces proyecta el periodismo
sobre todo lo que toca. Y que el efecto de la
vulgaridad sobre el dolor es fácil calificarlo
de salvajismo. Pero la quiebra de la
intimidad que sufren las víctimas tiene su
reverso. Es probable que los detalles de la
muerte de la esquiadora Fernández Ochoa
se hubiesen mantenido en la intimidad de
apellidarse Fernández. Pero es igualmente
probable que, en ese caso, su cadáver no se
hubiese encontrado todavía y que la
zozobra de sus deudos se prolongara
dañina en el tiempo. Los que desaparecen
en los medios son una pequeñísima parte
del total. A ellos se dedican grandes
recursos –el principal es, a veces, la
movilización ciudadana– y una atención que
puede hacerse obscena y repulsiva, pero
cuyo calor solidario ayuda a superar el
trance y las primeras estancias del duelo. Es
esa ambigüedad moral uno de los rasgos del
periodismo, en toda época, que por otra
parte no es drásticamente diferente de la
que practican entre sí los seres humanos
cuando se interesan por el otro, se ayudan y
se consuelan, sin poder evitar fácilmente un
punto de sinuoso entrometimiento.
Este ejercicio de realismo mínimo no
puede completarse sin la evidencia de que
toda justicia televisada incluye la venganza.

Cadáveres


públicos


El efecto de la vulgaridad
sobre el dolor es fácil
calificarlo de salvajismo.
Pero esa quiebra de la
intimidad tiene su reverso

AL ABORDAJE


DAVID
GISTAU

Suma


¡QUIA!


ARCADI
ESPADA

LA TIERRA MEDIA


VICENTE
LOZANO

Más longevos


y más sanos


IDÍGORAS Y PACHI

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