El Mundo - 07.08.2019

(Axel Boer) #1

EL MUNDO. MIÉRCOLES 7 DE AGOSTO DE 2019
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MUNDO


La noche ha caído en la ciudad de
Varanasi, la más sagrada y vieja del
mundo según los hindúes. En el
Ghat de Manikarnika, el río Ganges
está iluminado por las hogueras
donde arden los cuerpos de los que
esperan romper el Moksha, o ciclo
de la vida y la muerte, su versión del
cielo. «Si expiras y te creman aquí
ya no tienes que volver a la tierra»,
cuenta Gopal, uno de los maestros
de ceremonias que pertenece a la
baja casta de los dom, los parias cu-
ya única misión en este mundo es
quemar los cuerpos en la ciudad
que, según la mitología india, fue
fundada por el dios Shiva.
«La mayoría de hindúes ni si quie-
ra se atreve a tocarnos porque nos
ocupamos de los muertos. Somos
apestados, pero nos necesitan, sin
nosotros sus almas estarían atrapa-
das eternamente en el ciclo de la vi-
da. Nosotros los liberamos, pero se-


guimos siendo marginados sociales».
Los cientos de doms que residen en
el entramado de callejones que lleva
al lugar malviven en edificios aban-
donados o derruidos. Y «la situación
va a peor», explica señalando un
complejo de casas «destruido recien-
temente por las excavadoras del Go-
bierno Modi», refiriéndose al primer
ministro indio, «quiere construir un
nuevo Varanasi, pero no nos ha teni-
do en cuenta. Mi casa estaba ahí,
ahora duermo en la calle».
Dentro del Ghat la fotografía está
estrictamente prohibida. «Sólo es po-
sible si las familias acceden, pero
suelen pedir mucho dinero», dice
Gopal. «Algunos turistas se han in-
ternado y han hecho instantáneas
sin permiso. Allá ellos», explica con
una sonrisa amable, pero con una
sombra siniestra. «Su karma sufrirá
tanto como su alma en esta tierra».
En el Ghat, el crematorio más

grande de la ciudad, las únicas mu-
jeres que se ven son los cadáveres de
una joven y una anciana ardiendo en
sendas piras funerarias. Ellas «no tie-
nen permitido hacer este trabajo»,
explica el guía de este inframundo,
que no sabe leer ni escribir y que ha-
ce este trabajo porque eso es lo que
determina su casta. Sin embargo, es
un pozo de sabiduría sobre la ciudad
y su historia.
Teniendo en cuenta que las muje-
res no pueden formar parte de la ce-
remonia, choca el hecho de que el
nombre del Ghat viene dado por Ma-
nikarnika Tambe, también conocida
como Rani de Jhansi, una heroína lo-
cal que en 1857 fue una de las líderes
de la revuelta contra la ocupación
del Imperio Británico. Cuenta la le-
yenda que murió un año después lu-
chando en la batalla de Kotah-ki-Se-
rai, cerca del fuerte de Gwalior, don-
de todavía se encuentra su tumba.

En el interior de
Manikarnika las ho-
ras pasan lentamente.
Sentados en una habi-
tación abierta en la
que cinco doms están
durmiendo junto a
unos ataúdes de ma-
dera barata y de as-
pecto tétrico, observamos cómo las
familias, todos varones, lloran, se
despiden de los suyos y cómo estos
arden iluminando la noche. «El
cuerpo suele tardar unas tres horas
en quemarse, pero depende de
cuánta madera puedan comparar. El
dios del fuego, Agni, es quien consu-
me sus cuerpos». Por otro lado, in-
cluso la madera que utilizan separa
a ricos y a pobres.
«Cada tronco se pesa y cuesta di-
nero. El sándalo es el más caro, lue-
go los precios van bajando con otros
tipos. Además, también hay mante-
quilla purificada para acelerar el
proceso y diversos polvos para el
olor», siendo el más caro el que se
deriva de la madera mencionada an-
teriormente. El calor sofocante y el
intenso olor del sándalo mezclado
con el de carne quemada te dejan
medio grogui.
Las montañas de cenizas, carga-
das por doms en palanganas, se lle-
van a la orilla donde otros tantos las
sumergen con bateas como si fuesen
buscadores de oro del Yukón. Y eso
es precisamente lo que hacen. «Bus-
can lo que queda de las joyas con las
que las personas son quemadas. El
oro que encuentran se reparte y nos
beneficia a todos porque nos ayuda
a subsistir», dice Gopal.
Pero no todos pueden ser crema-
dos. «Los hombres sagrados, los en-
fermos de viruela o lepra, las emba-

razadas, los niños menores de diez
años o los que han sido mordidos
por una serpiente», animal sagrado
en India, «son lanzados al río», expli-
ca. ¿Qué pasa con esos cuerpos?
«Son para los peces, ellos también
son criaturas que tienen que comer»,
dice enseñando los dientes, con la
voz pausada y el bigote negro y po-
blado doblado por una sonrisa. En el
Ganges hay 140 especies de peces y

90 de anfibios que llevan milenios
sustentándose de los cuerpos de los
que deberán esperar hasta la próxi-
ma reencarnación para romper el ci-
clo del Moksha.
Las estrellas se reflejan en el Gan-
ges. Gopal no deja de sonreír, parece
en paz. «Es bonito», dice, «y no tiene
bacterias. Puedes beber el agua y
sentir cómo te purifica», añade, so-
bre la principal arteria
acuífera del país. Sin
embargo, la Organiza-
ción Mundial de la Sa-
lud ha certificado lo
contrario: en el río hay
«más de un millón de
bacterias coliformes
por cada 100 mililitros
y, para que un baño no
sea perjudicial, no de-
be haber más de 500
bacterias».
Algo que no impor-
ta a millones de hin-
dúes «porque si te ba-
ñas en él tus pecados son expiados»,
explica Gopal. Más aún, por toda la
ciudad se ven a miles de fieles car-
gando pequeñas botellas y jarros de
color azafrán, el color de los fieles a
esa religión, con agua del Ganges
que puede provocar «disentería, có-
lera, tifus, hepatitis y gastroenteritis
aguda», según la OMS.
Un piso por debajo de nosotros,
en el templo central del Ghat, está
«el fuego de Shiva, que lleva ardien-
do milenios». Es una pequeña sala al
aire libre donde un monje con todo
el pelo afeitado y vistiendo un pareo
blanco lo aviva cada poco, sudando
gotas en las que cabría un océano,
pero sin apenas inmutarse. «Aquí no
se utilizan cerillas o mecheros. Con
este fuego sagrado, bendito y traído
por Dios, quemamos los cuerpos».
Empieza a amanecer. En otro de
los pequeños templos situado deba-
jo, la ceremonia con tambores que
indican la llegada se siente con una
estridencia sobrecogedora, bordean-
do el éxtasis religioso, y despierta a
todos los que dormían. «Mi padre,
mi abuelo, mi bisabuelo y así hasta
cientos de años atrás hicieron este
trabajo, pero yo tengo un hijo y no
quiero que lo haga, por eso va a la
escuela». Sin embargo, «eso no es
garantía de nada porque es un dom,
un apestado, como también lo serán
sus hijos y los hijos de sus hijos»,
concluye Gopal.

Los marginados


que envían las


almas al paraíso


La casta de los dom se encarga de la


ceremonia más sagrada del hinduismo, la


quema de los cuerpos junto al río Ganges para


que vayan al cielo, pero se la considera paria


POR AMADOR GUALLAR


LA MIRADA DEL
CORRESPONSAL

INDIA


Varanasi


EL FUEGO
SAGRADO
Al arder, los
cuerpos rompen
el Moksha (el
ciclo de la vida y
la muerte) y
viajan al más allá.
RAGHU RAI / MAGNUM

«No quiero que mi
hijo haga este
trabajo, pero es un
dom, un apestado»
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