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INFORMÁTICAPROMEDIO EN INGENIERÍAS46,7%72,6%25,6%15,9%PROMEDIO DE LA
47% POBLACIÓN ACTIVA28,6% PROMEDIO EN STEM100%0Mujeres que afirman: En lugares de trabajo con:Ciencia Ingeniería Medicina1 de cada 5 1 de cada 4 1 de cada 2Igual proporción o más mujeresMás hombres que mujeres78%27%
21%48%48%
14%33%44%Haber sufrido
discriminaciónTener en su lugar de
trabajo un problema
de acoso sexualHaber tenido más
dificultades en su
trabajo por ser mujerHaber sufrido
acoso sexualEL SEXISMO AL MICROSCOPIO
Las mujeres, infrarrepresentadas en el ámbito STEM (siglas
en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas)
y otros campos afines, están expuestas al sexismo del
principio al fin de sus estudios y su carrera profesional.Mujeres que, según un
estudio de la Universidad
de Texas, manifestaron
haber sido víctimas de acoso
sexual* por parte del personal
docente y no docente
en 13 de las instituciones
de dicha universidad.Las mujeres suponen un gran
porcentaje de los profesionales
sanitarios (sobre todo en puestos
que no exigen más de cuatro
años de estudios superiores);
su presencia es menor en
ingeniería e informática.Las científicas que desempeñan su labor profesional en entornos con mayor
proporción de colegas masculinos refieren mayor discriminación y acoso.ACOSO EN LA
UNIVERSIDADTASA FEMENINA SEGúN
LA OCUPACIÓN EN EE. UU.DISCRIMINACIÓN Y ACOSO EN EL TRABAJO*INCLUYE HOSTILIDAD SEXISTA, CONDUCTAS GROSERAS, ATENCIÓN SEXUAL NO DESEADA Y COACCIÓN SEXUAL.
TAYLOR MAGGIACOMO Y KAYA BERNE, NGM. FUENTES: KEVIN M. SWARTOUT, UNIVERSIDAD ESTATAL DE GEORGIA; ACADEMIAS NACIONALES DE CIENCIAS, INGENIERÍA Y MEDICINA;
INSTITUTO CONTRA LA VIOLENCIA DOMÉSTICA Y LA AGRESIÓN SEXUAL, UNIVERSIDAD DE TEXAS EN AUSTIN; CENTRO DE INVESTIGACIONES PEW; OFICINA DE ESTADÍSTICAS LABORALES
son difíciles de documentar. De ello puede dar fe la periodista Azeen
Ghorayshi, de BuzzFeed News, que en 2015 publicó un reportaje sobre las
acusaciones de acoso sexual vertidas contra el prominente astrónomo
Geoff Marcy, por entonces investigador de la Universidad de California
en Berkeley. Marcy tenía tal fama que las mujeres de la universidad adver-
tían a sus compañeras que no trabajasen bajo su dirección. Cuando por
fin fue investigado y sancionado, se determinó que llevaba cerca de una
década infringiendo las políticas de acoso sexual en el campus.
Ghorayshi cuenta que desde aquel artículo han contactado con ella
decenas de mujeres más, prueba de «cuán prevalente es este problema en
las grandes instituciones de Estados Unidos y otros países». En muchos
casos, dice, las mujeres implicadas acabaron abandonando: «Hablamos
de vulnerabilidad, de quién es vulnerable y quién es intocable».
La conclusión, insiste Chapman, es que las universidades deben llevar
a cabo una reflexión más profunda sobre su compromiso con la igualdad.
«Nos pasamos la vida hablando de políticas de conciliación familiar, pero
luego miramos hacia otro lado para no reconocer que existe una cultura
de hostilidad rampante –me dice–. En mi opinión, es endémica».
Hoy pervive en las ciencias la asunción implícita de que la carrera de
una mujer joven es desechable, mientras que la de un hombre veterano
debe protegerse, incluso si ello pasa por encubrir un comportamiento
inaceptable y colocar a más víctimas potenciales en su camino. Mientras
toleremos esta situación, lo pagaremos caro. Porque no solo sufren las
víctimas, lo cual ya de por sí es terrible. También sufre la ciencia. j