El Mundo - 14.10.2019

(Grace) #1

EL MUNDO. LUNES 14 DE OCTUBRE DE 2019


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OTRAS VOCES


CUANDO se habla de la nueva política es un lugar co-
mún comenzar citando a Ortega y Gasset y la conferen-
cia que impartió en el año 1914 en la que acuñó dicha
expresión. Se suele reparar en la dimensión histórica
del alegato orteguiano (la nueva política como alterna-
tiva a la antigua, a la del régimen de la Restauración),
no así en la a-histórica o estructural, que es la que da re-
levancia e interés al texto; su permanente actualidad.
Ortega se pregunta, anticipándose incluso a Max We-
ber y su conferencia del año 1919, sobre la política. Mien-
tras Weber centra la política en el poder, sólo el poder,
nada más que el poder, para Ortega la política ha de es-
tar «circunstanciada»; al servicio de la modernización
de España, de «aumentar el pulso vital de España», la
«España vital» frente a la «España oficial». Lo que de-
nomina la «nacionalización» de la política; porque su
objetivo es el de «una España en buena salud». Nuestro
filósofo expresa el compromiso de los intelectuales con
el progreso de España y la política es su arma. La nue-
va política es, en definitiva, la buena política; es la que
se ha de desplegar para afrontar los retos del momen-
to, de aquél, pero también de éste.
«Y esos partidos tienen a sus clientelas en los altos
puestos administrativos, gubernativos, suedotécnicos,
inundando los consejos de administración de todas las
grandes compañías, usufructuando todo lo que en Es-
paña hay de instrumento del Estado». Ortega lo denun-
ciaba en el año 1914. Es un mal que continúa. La minis-
tra Celaá ha convertido las ruedas de prensa posterio-
res a las reuniones del Consejo de Ministros en tribu-
nas desde las que ejercer la portavocía del PSOE. El mis-
mo partido que ofreció a Unidas Podemos ocupar pues-
tos de relevancia en órganos constitucionales y en
organismos reguladores. Una propuesta tan disparata-
da que escandalizó, incluso, a los supuestos beneficia-
rios. Al desprecio a la in-
dependencia y a la neutra-
lidad de la Administración
se suma el de la compe-
tencia de los directivos pú-
blicos. «Los Ministerios,
como las Universidades,
no crean competentes»,
afirma Ortega. La partito-
cracia tampoco los necesita. Es posible pasar de emplea-
do de la Federación Española de Municipios y Provin-
cias a presidente de Correos; de la prevención y extin-
ción de incendios forestales a la construcción de buques
(Navantia); de la política municipal a la gestión del com-
bustible nuclear (Enursa); de la formación marítima a
los seguros agrarios (Saeca); de la cooperación munici-
pal al tabaco en rama (Cetarsa); de la política a la direc-
ción de Paradores. Este periódico informaba que, a fe-
cha de 30 de junio de este año, se elevaba a más de 330

el número de cargos públicos que han sido cesados tras
la moción de censura en mayo de 2018, y han sido nom-
brados otros tantos afines.
Y la corrupción se escribe en sentencias judiciales.
«Entre el Grupo Correa y el Partido Popular... se creó
un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucio-
nal a través de mecanismos de manipulación de la con-
tratación pública». Es una frase que pasará a la Histo-
ria. Se puede leer en la página 58 de la Sentencia de la
Audiencia Nacional de 17 de mayo de 2018. Se juzgaba
el denominado caso Gürtel (rama madrileña).
En los próximos años se irán sumando, poco a poco,
más y más sentencias. Las de los casos Gürtel (rama
valenciana), reforma sede PP, Bárcenas, Orage Market,
Jerez de la Frontera, AENA, visita del Papa, Boadilla
del Monte, Arganda del Rey, Over Marketing, Bankia,
Taula, Fórmula 1, Púnica (16 piezas separadas), Lezo
(cuatro piezas separadas), Acuamed, Tándem (por aho-
ra, 13 piezas separadas), Ciudad de la Justicia de Ma-
drid y un largo etcétera. Al menos, en casi 50 instruc-
ciones judiciales y en sus correspondientes sentencias
se examinará la gestión de cargos vinculados al PP. A
su vez, el PSOE está a la espera de la primera de las
sentencias del denominado caso ERE, una macro cau-
sa dividida en más de 270 piezas separadas, a la que se
suman a otras 12 macrocausas (Invercaria, Avales, Fac-
turas falsas de UGT, Marismas, Delphi, Bahía Compe-
titiva, Faffe...). Todas tienen en común la gestión socia-
lista de la Junta de Andalucía. Más de 5.000 millones
investigados y 500 imputados, por ahora. Se van ins-
truyendo con una pasmosa lentitud.
La regeneración ha quedado en manos de los jueces.
A golpe de sentencia se va componiendo la música del
escándalo que va martilleando los oídos de los ciudada-
nos. En los próximos años irá torturando, como la gota
china, a la sociedad espa-
ñola. «Es lo que hay», se
nos dice. No hay alterna-
tiva. Sólo cabe la resigna-
ción. En Trafalgar, Beni-
to Pérez Galdós pone en
boca de su protagonista,
Gabriel de Araceli, que
«la resignación, renun-
ciando a toda esperanza,
es un consuelo parecido
a la muerte, y por eso en
un gran consuelo». Es la
renuncia a la esperanza,
como la muerte. ¿La de-
mocracia puede permitir-
se ciudadanos desespe-
ranzados? ¿Ciudadanos
muertos? No.
La resignación es un
sentimiento inducido por
los políticos para obtener
beneficios a muy corto
plazo, pero a costa de
grandes perjuicios para
la democracia. Podrán si-
lenciar los estragos de la
corrupción y de la parti-
tocracia pero el repique-
teo constante de los ca-
sos hará imposible que
los ciudadanos puedan
permanecer, parafrasean-
do al Diccionario de la Lengua Española, entregados,
indefinidamente, a la voluntad de un partido, o confor-
mes, tolerantes o pacientes, frente a la adversidad polí-
tica. Se podrá adormecer a las masas (en el sentido de
Elías Canetti), pero no a la indignación de los ciudada-
nos (en el sentido liberal-democrático). Los españoles,
según el barómetro del CIS de julio, consideran a los po-
líticos y a los partidos como el segundo problema más
grave de España (38,1%), adelantando, incluso, a la co-
rrupción (25,1%). La política y la corrupción (política)
son dos de los tres principales problemas de España; la
política y sólo la política.
La nueva gasolina de la resignación es la llamada a
la estabilidad; a la gobernabilidad. Pero su amenaza no
es la nueva política; es la mutación de las reglas consti-
tucionales de investidura del presidente del Gobierno

en otras asamblearias donde sólo cabe la elección por
aclamación del gran líder. Cuando la Constitución re-
gula la investidura del presidente del Gobierno en el ar-
tículo 99 utiliza en cinco ocasiones la palabra «confian-
za» y en otras cinco en otros preceptos constitucionales
(art. 101, 112 y 114 CE) relativos al presidente y al Go-
bierno. Es la clave de bóveda de la relación entre el Con-
greso y el presidente y su Ejecutivo. La Cámara Baja tie-
ne que confiar en el candidato que va a investir; y lo ha
de hacer en relación con «el programa político del Go-
bierno que pretenda formar». No es una confianza cie-
ga; es, como lo define el Diccionario de la Lengua, la
«esperanza firme que se tiene de alguien o algo», en es-
te caso, de la persona del candidato y del programa que
va a ejecutar. Así lo manifiestan los diputados que vo-
tan a favor. Otros diputados, en cambio, no confían ni
en el candidato ni en el programa. La abstención no ca-
bría; renunciar a pronunciarse sobre la confianza soli-
citada no sería, en puridad, constitucionalmente posi-
ble. O se confía o no se confía. No hay término medio.

LA CONSTITUCIÓN está exigiendo la negociación
y el acuerdo. En el contexto de una democracia deli-
berativa (Habermas, Nino, Elster) se ha de poder pac-
tar todo y con todos conforme a unas directrices: la
buena fe, la lealtad, el servicio al interés general y el
respeto al marco constitucional. El candidato pro-
puesto por el Rey está obligado a negociar para con-
citar la confianza. En cambio, se ha querido conver-
tir la investidura en la mera proclamación del aspi-
rante, sin más. No ha habido llamada a la confianza
que exige la Constitución, sólo al asentimiento; co-
mo si 123 diputados fuesen suficientes para rendir al
adversario al que, además, se le exige que renuncie
al ejercicio de su función constitucional.

La política se ha convertido en problema (inestabili-
dad); y su antídoto, se nos dice, es el bipartidismo (go-
bernabilidad). En el altar de la estabilidad (política) hay
que sacrificar todos los males (de la política); es, con
gran regocijo del populismo, el blanqueador del bipar-
tidismo y de sus dolencias. Como afirmara Ortega, «to-
do español lleva dentro, como un hombre muerto, un
hombre que pudo nacer y no nació, y claro está que ven-
drá un día, no nos importa cuál, en que esos hombres
muertos escogerán una hora para levantarse e ir a pe-
diros cuenta sañudamente de ese vuestro innumerable
asesinato». El hombre muerto, el desesperanzado, el re-
signado, al final, exigirá responsabilidades.

Andrés Betancor es catedrático de Derecho Administrati-
vo de la Universidad Pompeu Fabra.

La política se ha convertido en
problema (inestabilidad); y su
antídoto, se nos dice, es el
bipartidismo (gobernabilidad)

AJUBEL

El autor denuncia


que en el altar de la estabilidad política


hay que sacrificar todos los males


(de la política). Señala que es, con gran


regocijo del populismo, el blanqueador


del bipartidismo y de sus dolencias.


TRIBUNA iPARTIDOS


Resignación,


nueva y


buena política


ANDRÉS BETANCOR

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