Bordados con historia: relatos de artefactos textiles en la cuenca del Baker

(franvidalv) #1

“A la mente,


a la memoria”


Desde su natal valle Simpson, en los alrededores de Coyhai-
que, Malla llegó a vivir al valle Colonia en 1944, a este mismo
campo, que en esos tiempos pertenecía a sus tíos.


Aquí, en estos paisajes, comenzó su camino textil. Tenía 15
años cuando aprendió a bordar. “‘Aquí te tengo esta bolsa (de
harina)’, me dijo mi mamá, ‘esta la vas a bordar’. Ya. Busqué
una aguja, yo quiero intentarlo. Hay que aprender, dije. Des-
pués que ya hice las cosas de casa, me acuerdo que empecé
a bordar y me gustó tanto que ya después vivía en eso. Me
sentaba al lado de la cocina cuando hacía frío, de un calenta-
dor y con velas... Sino el papá o la mamá hacían una cosa con
grasa (para iluminar) que le llamaban el candil”. Ese momento
quedó grabado en la memoria de sus manos y fue el inicio de
una larga vida dedicada a este oficio. “Yo fui un tiempo borda-
dora de tabaqueras y pañuelos, los vendía”, recuerda. Hoy, lo


suyo son los paños, en las más diversas telas, donde puede
expresar sus diseños con flores de gran tamaño y con puntadas
en lana que le permiten cuidar su vista que se vuelve cada día
más frágil.

Su mamá, Teresa Meza, también fue bordadora. “Ella sabía,
pero poco”, recuerda. “Bordaba sábanas, fundas y almohado-
nes, a veces bordaba tabaqueras y pañuelos. Marcaba ella de la
mente también, hacía su flor y la bordaba”. Tal como Malla,
probablemente aprendió observando a su madre en el jardín.

La naturaleza siempre ha sido su refugio creativo. “Aprendí al
ver las flores de afuera y los colores, todos. Todos los colores
como deben ser”, va relatando. Los bordados de Malla son
reconocibles a simple vista gracias al particular modo de abs-
tracción de la naturaleza que ha ido desarrollando con los años,
y al acertado uso del color. Los diseños los marca intuitivamen-
te: “a puro ojo, sin papel, ni calco ni nada. A la mente, a la
memoria”. De un modo muy personal, ha logrado que cada
flor quede visual y táctilmente enlazada con la que le acompa-
ña, mientras ramas y hojas sirven de piezas vinculantes que
desordenan armónicamente el dibujo textil sobre la tela.
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