Bordados con historia: relatos de artefactos textiles en la cuenca del Baker

(franvidalv) #1

años aprendió a bordar, “ni mirando..., porque mi madre era
muy buena para tejer, pero no para bordar. Ella hacía la cade-
nita, la pata araña, esos eran sus bordados”. Uno de sus
primeros trabajos fue un regalo para su mamá: un juego de
sábanas, cabeceras y almohadones. “Yo entré a bordar y
empecé a hacer una hoja. Fui a buscar una hoja de un árbol,


la marqué, porque soy muy buena para el dibujo. Miré qué
colores tenía e hice la hoja, la tapé entera, porque me gustó
enseguida bordar por dentro y por fuera, que no se notara ni
por el revés ni por el derecho. Le hice a ella el juego de cama
completo con rosas, dalias y unas hojas grandotas”, relata, con
los más mínimos detalles, como si lo hubiera bordado ayer.
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