Bordados con historia: relatos de artefactos textiles en la cuenca del Baker

(franvidalv) #1

Intruseando y aprendiendo


Curiosa por naturaleza, Audolina ha intentado, desde niña,
“sacarle la receta” a todos los artefactos, técnicas y oficios
que llamen su atención. Observando detenidamente, sin
vergüenza ni tapujos, se quedaba “intruseando” hasta enten-
der lo que estaba mirando para luego replicarlo y darle vida a
un nuevo objeto. “¿Cuántos puntos había pa’ acá? ¿Cuántos
derechos, cuántos revés? Y llegaba a la casa y pescaba mis
palillos, y si no sabía un punto, lo sacaba. ¿Cómo no lo iba a
sacar?”, pregunta con agudeza. Con solo mirar, aprendía. Y, tal
como ella dice, “siempre fui agrandada”, no perdía el tiempo
en andar pidiendo ayuda para que le solucionaran la vida, más
bien lo contrario, y lograba su cometido a punta de perseve-
rancia: “No le puede ganar el muerto al vivo, si tú te pones a
hacer las cosas, las tienes que sacar, a lo mejor a la primera no
te va a quedar tan lindo, pero en la segunda corregiste el error”.
Esta capacidad de aprenderlo todo la llevó a diseñar intuitiva-


mente una papelera que le vió a un caminante que andaba por
ahí. Una especie de maleta con “la toalla arriba y las pilchitas
abajo”. Inspirada en aquel objeto habría confeccionado su
propia versión. Por un lado bordó la escena de un caballo bayo
amarrado al palenque, con las iniciales MFG arriba, que corres-
ponden al nombre de su nieto. En la otra cara, una gran flor de
pétalos multicolores y luminosos que contrastan con el fondo
negro. “Cuando le dije a Marito, te voy a hacer eso. Entonces ya
se la hice y la guardé ... se la dejé para cuando él sea grande. Él
era chiquitito, tendría 3 años”.

Hoy, sigue brotando a borbotones la energía de las manos de
Audolina, quien cultiva desde su casa de Cochrane los más
diversos oficios textiles. Mujer creativa, de palabra fácil y amabi-
lidad innata, que describe con pasión lo que para ella ha sido
una vida de valiosos e incansables aprendizajes.
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