Bordados con historia: relatos de artefactos textiles en la cuenca del Baker

(franvidalv) #1

Bordar para la pareja siempre ha sido tradición en la Patagonia.
Sobre todo la tabaquera, aquel artefacto que se lleva guardado
en el bolsillo y que cuando aparece, a la hora de armar y fumar
un cigarro, destella bordados femeninos. Difícil saber de qué
bordadora proviene cada pieza, porque las iniciales que apare-
cen son las del “dueño”, no las de la creadora.


Como esta tabaquera que Erminda le bordó a su marido,
Germán Arratia. “Fue una sorpresa” que quiso darle en los
años en que vivían juntos en el fundo Santa Teresa. Él le entre-
gó el cuero –que consiguió con un vecino– y ella comenzó el
largo trabajo artesanal: lavar el material, sobarlo con harina
–porque “cuando no está muy bien sobado el cuero, duelen
los dedos al pasar la aguja”– para después sacudirlo, escobi-
llarlo, cortar las orillas y, finalmente, ponerse manos a la obra
con aguja e hilos.


“En ese tiempo bordaba fino”, con solo una hebra e infinita
paciencia, tal como su mamá le enseñó. Los diseños de esta
tabaquera los creó ella misma. Así, con hilos de seda que ya no
se ven en Cochrane, por un lado bordó una rosa de pétalos
“coloraos” –el color predominante de la composición–, con
sus hojas ascendiendo y una carta de as de espada. Por el otro,
en la parte baja de la pieza, las iniciales de su marido, G.A.,
atravesadas e incorporadas a la totalidad de la composición
por el tallo y las hojas de un hermoso clavel, “colorao” tam-
bién, que aparece coronado por un as de bastos. Los naipes
bordados provienen de la baraja española y son un homenaje
al Truco, el clásico juego de cartas que solía acompañar a su
marido durante las tardes en los confines de la Patagonia. “Lo
encontré tan bonito...y dije, se puede bordar”. Cuenta que los
ases fueron, sin duda, lo más difícil de bordar. Un motivo origi-
nal que rara vez se ve en los bordados de esta tradición textil.


ENTRE ASES


Y FLORES

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