Bordados con historia: relatos de artefactos textiles en la cuenca del Baker

(franvidalv) #1

Si se trata de oficios textiles, conseguir los materiales para
bordar o confeccionar ropa en la Patagonia no siempre fue
tan fácil. Si bien en la actualidad es posible encontrar en
almacenes de Cochrane lo necesario para un nuevo proyecto
textil, en el pasado debían ingeniárselas, por ejemplo, deshi-
lachando prendas hasta encontrar el tono de hilo requerido
o, bien, debían desarrollar una paciencia de oro que fuese
capaz de esperar sin apuros su llegada.


Habían días emocionantes y cuando el renombrado merca-
chifle hacía su aparición. ¡Podían escuchar su llegada mucho
antes de siquiera poder verlo! ya que eran los perros los que
avisaban que andaba alguien desconocido dando vueltas por
ahí. El mercachifle era el personaje masculino de la época,
cuyo negocio era el de cruzar la cordillera a caballo en busca
de víveres, artefactos varios y encargos, los cuales distribuía
por los campos.


Llegaban inesperadamente, sin anunciarse. Podía ser cual-
quier día del año. “Lo hacíamos pasar a la casa, se sentaba, le
servían mate, pasaba un rato largo, entonces uno esperaba...
era con calma, almorzaba o tomaba once, después decía que
andaba trayendo mercaderías, se iba a desarmar el pilchero y
abría las chilguas, estiraba una lona y allí empezaba a colocar
las cosas, era muy bonito, andaba trayendo de todo: cortes
de tela para hacer sábanas o vestidos de percala, agujas,
hilos de bordar y de costurar, también ropa y zapatos. Tenía-
mos que tener plata en la casa y sino le entregábamos un
animal, un ternero, una vaca. Él iba juntando, seguía vendien-
do y a la vuelta venía con su tropilla y pasaba a buscar el
animal. Después seguía visitando todas las casas de campo”,
nos relata la bordadora Marisol Pizarro Ganga.


La llegada de


los mercachifles Patria vecina


(^6) Relato Dominga Cruces, Documental Bordadoras del Baker, 2019.
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(^7) Relato Audolina Orellana, Documental “Bordadoras del Baker”, 2019.
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(^8) Op. cit. Marta Montiel
Las historias de las bordadoras y algunas de sus creaciones
textiles, como aquellas con escudos chilenos y argentinos bor-
dados en punto relleno, dejan asomar ese amor y cercanía con
Argentina. Incluso, a algunas se les nota en el canto de su voz
y en las palabras que utilizan, y otras cuentan que en sus casas
de campo a veces llega la señal de alguna radio trasandina.
Para la comunidad de Cochrane, Argentina estaba más cerca
que cualquier otra región de Chile. Este poblado recién
comenzaba a formarse, “pero acá no se encontraba nada. De
la Argentina se traía todo lo que nosotros ocupábamos para
hacer los trabajos bordados. Las personas que iban a la Argen-
tina demoraban a veces seis días, según como esté el tiempo,
o podían ser ocho días, se traía toda la mercadería que se ocu-
paba todo el año”, cuenta una de las bordadoras. Otra
agrega: “eran dos viajes, uno en octubre y el otro era en
marzo”, estos solían hacerlos los hombres de la familia con
caballos y pilcheros.
Por otra parte, la cercanía entre chilenos y argentinos “provo-
có que muchas familias se conformaran con uno de sus inte-
grantes, padre o madre, de nacionalidad argentina, o bien que
alguno de sus hijos naciera en tierras hermanas”. Como la
historia de las hermanas Escobar Montecino, relatada en este
libro, nacidas en la estancia Río Oro, en Argentina, y criadas en
la Patagonia Chilena.
Con tanta proximidad no es de extrañar que las costumbres de
ese país se adoptaran como propias. Desde el mismísimo
mate y la carne asada al palo, hasta jugar al truco y bailar
ritmos como el chamamé. Si se trata de vestimenta, los hom-
bres adoptaron la boina, la bombacha, las alpargatas, el
pañuelo al cuello, el cuchillo a la cintura y la llamada “rastra”.
Las mujeres, en cambio, la tradición de bordar tabaqueras y
pañuelos.

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