Bordados con historia: relatos de artefactos textiles en la cuenca del Baker

(franvidalv) #1

Doña Elisa se dedicaba a bordarle a sus hermanos,
mientras ellas bordaban tabaqueras, pañuelos y
billeteras para su papá, quien lucía orgulloso estas
prendas artesanales. “Mi papá se vestía de pañuelo
de cuello, un sombrerito medio chico, no usaba
bombacha, sino pantalón de tela y siempre una faja
tejida. Se vestía con camisa, encima un paletó, que
antiguamente le decían ‘saco’, o su chaqueta de
cuero”. En el bolsillo de esa chaqueta, atesoraba la
billetera que le bordó María con un material muy
especial: cuero de vejiga de vaca.


El ingenio y el amor por este oficio textil llevó a las
hermanas Vargas a probar múltiples superficies
para sus bordados. Por eso, “cuando mi papá
carneaba una vaca para comerla, cada dos o tres
meses, nosotras decíamos: ¿Quién saca la vejiga
de la vaca? Todas queríamos, pero éramos tres
bordadoras, cuatro con mi mamá. No quedaba
más que turnarse: esta vez te toca a ti, esta a ti”,
cuenta María.


El proceso tiene su ciencia. “Primero la lavas un
poco, le sacas la grasa, la orina, y con paciencia la
inflas con una bombilla, se queda como una pelota
así, y después la pones a secar al viento o dentro
de la cocina por varios días hasta que esté total-
mente seca. Luego, se empieza a humedecer con
agüita con sal, haciéndolo despacito, hasta que
quede bien sobadita, blandita”. Las hermanas
Vargas se fascinaban con la idea de bordar este
cuero, por la suave textura que lograba y porque
en esa época acceder a géneros no era nada fácil.


Telas con historia

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