Los dos asintieron confiando el uno al otro.
—¡Ah! —Morgan miró a Esmeralda—. ¿Dónde está Sam?, ¿se
quedó en la oficina de Boldort?
—Él... —Esmeralda desvió la mirada denotando enojo y
decepción—. Samuel se fue en busca de su abuela.
El joven quedó impresionado.
—¿Me estás... hablando en serio? ¿Y por qué no fuiste con él!?
—Porque en ese momento concluí que venir aquí sería más
productivo. Además, él no está solo, fue en compañía de dos policías.
››Creo que Samuel confía en ellos. Uno se llama Belton Beklich,
y el otro es un detective llamado Robert Cleman.
—¿¡El detective Cleman!? Esmeralda... ¿Estás segura de que no
te estás confundiendo?
—No, Morgan. Cleman dijo que resucitó con esto.
Ella les mostró el SRI a los chicos y les explicó brevemente cómo
funcionaba.
—¡Guaaaaau! ¡Es simplemente genial! —exclamó Lucas acostado
en el suelo.
—Me alegro. Al menos esa es una buena noticia en medio de
tantos fracasos —dijo Morgan dibujando una sonrisa insatisfecha.
Él suspiró, y después de pensar un momento, les hizo una
sugerencia.
—Vamos a la oficina de Boldort. Allí pensaremos en algo.
Ellos asintieron y se dirigieron inmediatamente a su nueva mini
base de operaciones. Ya estando ahí, todos hicieron algo diferente; Kun y
Lucas se sentaron en el sofá, Lu se dispuso a mirar los libros de la
estantería, Esmeralda se acercó a la ventana y apoyó sus manos sobre el
vidrio polarizado mientras observaba la ciudad en llamas.
Sam, por favor vuelve pronto... Vuelve con vida, se dijo ella.
Návila estaba a su lado, viendo aparentemente horrorizada la
desolación de Paronia. Morgan se sentó en el sillón negro cerca del
escritorio, suspirando en tanto miraba el globo terráqueo. Él fijó su mirada
en el mapa de Eumaria.