EUMARIA

(AV) #1

Sam estaba fuera de sí, gritaba una y otra vez mientras lo apuñalaba
por cuadragésima vez. El chico se veía irreconocible; sus venas sobresalían
de sus sienes y tenía los ojos llenos de odio. Este apretaba sus dientes
mientras sollozaba de impotencia. Tanto su traje negro como su rostro, se
mancharon por completo con la sangre del pigmentado, el cual pereció hace
ya varios minutos. Este había recibido un total de cuarenta y siete puñaladas
en el pecho.


Samuel finalmente se cansó, pero todavía seguía sosteniendo el
cuchillo. De repente, el chico recordó la conversación que había tenido con
Morgan el día anterior, cuando su amigo le dijo: "Samuel, eres más humano
que cualquiera de nosotros, por eso sé que no serías capaz de dañar a
nadie". Sam soltó el cuchillo al recordar esas palabras, entonces comenzó a
temblar cuando vio al pigmentado totalmente destrozado frente a él.
—¡¡Por Dios!! ¿¡Qué hice!? —exclamó él con la voz quebrada
mientras se cubría el rostro.


Sam sintió un líquido viscoso en toda su cara, y cuando alejó
lentamente sus manos, observó las manchas de sangre. Al ver eso, Samuel
cayó agotado al lado del reo, y a unos pocos centímetros del cuerpo de
Lujan. Ella estaba tirada cerca de la tina. De pronto su vista se volvió
borrosa a causa de sus lágrimas. Él extendió impotente su brazo para
intentar llegar a la mano inerte de su amiga, pero, a pesar de que estaba a
solo a treinta centímetros de ella, este no podía alcanzarla.


—De nuevo... —Sam susurraba casi sin voz—. De nuevo lo eché a
perder.
De repente los brazos de Lujan se volvieron más pequeños, y se
convirtieron en los de un niño. En ese punto, el chico ya estaba alucinando
e imaginando a Uriel. Sus lágrimas y mocos transparentes comenzaron a
mezclarse con la sangre de su rostro. Esa era la segunda vez que un ser
querido moría extendiéndole la mano. Era la segunda vez que sentía que
pedían su ayuda, sin embargo, también era la segunda vez en la que Sam no
pudo hacer nada para salvarlos. El joven cerro los ojos y pronunció unas
palabras antes de desmayarse.


—Perdón, Uriel... Perdón, Luján... Perdón, abuela. Otra vez...
fracasé.

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