—Por el camino fuimos atacados por un gran grupo de pigmentados.
Logramos matar a unos cuantos, pero eran demasiados y nuestras pistolas
de plasma se agotaron.
››Salimos con prisa del automóvil, sin embargo, debido a la
situación, solamente podíamos cargar a uno de ustedes... —Cleman guardó
silencio antes de continuar—. Era obvio que te elegiríamos a ti, entonces te
cargué mientras Belton cubría mi espalda. De esa manera logramos subir a
otro vehículo y escapar justo a tiempo.
››Aunque, cuando volteamos a ver... esos hijos de puta ya habían
destrozado el auto de policía; lo habían volcado y posteriormente lo
incendiaron con tu abuela en su interior. Muchacho... Hubiera sido una
misión suicida tratar de rescatarla.
Sam escuchaba incrédulo cada palabra. El chico tenía la mirada
perdida y el ceño fruncido. Este se cubrió el rostro, y lo que parecía ser un
llanto se convirtió en una carcajada. Samuel miró en dirección al techo,
entonces comenzó a hablar entre lágrimas y risas exageradas.
—Eso significa que... si yo no me hubiera desmayado en ese lugar...
—Él comenzó a reír más fuerte—, nosotros podríamos haber traído el
cuerpo de mi abuela.
Belton intentó excusarse.
—No. Eso no es lo que quisimos dec...
—¡¡Esto es una puta broma!!... ¡¡¡Una maldita y asquerosa broma!!!
—Lo interrumpió el chico con gritos de risa y llanto.
Nadie decía nada. No había ningún tipo de consuelo para él. Lu y
Cleman se mantenían serios, mientras que Návila y Belton denotaban
tristeza e impotencia.
—¡¡Lo único que causo son problemas!!... ¡¡¡Soy una maldita
desgracia!!!
Esmeralda lo abrazó lo más fuerte que pudo, y se dispuso a confesar
lo que pensaba.
—¡Sam, eso no es cierto!... ¡Jamás hubiéramos llegado hasta aquí
sin ti!, ¡tú hiciste mucho por nosotros!, ¡todos te necesitamos!... —Ella
guardó silencio por unos segundos—. Yo te necesito.