ECOS - 10.2019

(Dana P.) #1
ECOS 10/2019 11

Fotos: iStock, Carmen Pérez


SOL Y SOMBRA

¿Hablamos los es-
pañoles en voz más
alta que los demás?
El tópico dice que
sí. Ian Gibson, his-
panista irlandés que
llegó a España por
primera vez en 1957 y ama a este país con
una pasión que no excluye la lucidez, ha es-
crito sobre el ruido nacional como uno de los
más molestos hábitos del pueblo español. Yo
estoy de acuerdo con él. Antes, por ejemplo,
viajar en tren era una de-
licia. La lentitud relativa,
con el paisaje desfilando
de forma hipnótica por la
ventanilla y el traqueteo
del vagón, podían garan-
tizarte horas de intros-
pección y lectura. Era un
bendito paréntesis fuera
de la rutina, como no es-
tar en ninguna parte. Yo
he llegado a alegrarme de
un retraso de dos horas en
un tren que me permitió acabar de leer una
novela espléndida. Pero eso sucedió hace
años y las cosas han cambiado. Quizá los tre-
nes españoles ya no sufren tantos retrasos,
pero desde el punto de vista del ruido, son
un infierno. En mi último viaje largo, el tren
no habría recorrido ni veinte kilómetros y
yo me las prometía felices leyendo un libro,
cuando mi vecina sacó el teléfono móvil y
se puso a hablar, y no precisamente en voz
baja. A pesar de que no me caracterizo por
mi paciencia, esperé un tiempo prudencial
y, pasados esos minutos de misericordia, en
vista de que la chica seguía platicando sin in-
mutarse y por su actitud deducías que podía
seguir así hasta el Juicio Final, proclamando
su vida, le sugerí por señas que se fuera a la
plataforma. La chica se levantó y se fue, por
supuesto, pero por la cara que puso se veía
a las claras que mi petición la fastidiaba y
que se consideraba la víctima de una vecina

La algarabía española Stille und leises Sprechen


sind in Spanien nicht sehr verbreitet, was manche Zugfahrt zur Tortur


macht. POR MERCEDES ABAD AVANZADO


la algarabía
, Geschrei, Gezeter
la lucidez
, klares Denken,
Scharfsinn
el traqueteo
, Rütteln; Rattern
la introspección
, Innenschau, Selbstre-
flexion
prometérselas felices
, sich etw. /viel verspre-
chen von
prudencial
, (hier) angemessen
sin inmutarse
, ungerührt
la plataforma
, (hier) Zwischenbe-
reich
hacer caso omiso
, ignorieren
enchufar
, (hier) einstöpseln
el somnífero
, Schlafmittel
el alarido
, Schreien
tácito/a
, stillschweigend

histérica que interrumpía cruelmente sus
legítimas expansiones comunicativas. Poco
pude saborear mi victoria sobre el ruido.
¿Cuánto tiempo creen que pasó hasta que
otro pasajero se puso a hablar a voces por el
móvil? No mucho, la verdad. A pesar de que
la megafonía del tren avisa a los pasajeros
de que utilicen las plataformas para hablar
por sus móviles, todos hacen caso omiso.
Así que olvídense de leer, de pensar o de es-
cribir. El único remedio es enchufarte unos
auriculares y escuchar alguna música capaz
de neutralizar la algarabía
del vagón. O tomarte un
somnífero y vengarte de
tus comunicativos veci-
nos con tus espantosos
ronquidos.
Pero la algarabía española
no estropea sólo los viajes
en tren, metro o autobús.
Cenar en una de esas es-
tupendas terrazas que
abundan cuando hace
buen tiempo puede con-
vertirse en una pesadilla. Hace poco, cená-
bamos y charlábamos agradablemente tres
personas en una de esas terrazas, cuando
llegó un grupo de seis. Entonces se acabó
el placer de la charla. Los seis se pusieron a
hablar a grandes voces y a reír. Imposible oír
algo que no fueran sus alaridos. Cuanto más
bebían, más elevaban voces y risotadas. Al
cabo de un rato, les pedí si por favor podían
bajar la voz. La pareja que cenaba en la mesa
de al lado se unió a mis ruegos. Dijeron que
llevaban rato callados y planteándose pagar
la cuenta y huir.
¿La explicación a la algarabía española? Gib-
son, que tanto ha estudiado la cuestión, cita
a Domingo García Sabell, que en un artícu-
lo sobre este tema dijo que “los españoles
andamos a la búsqueda del asombro de los
demás”, y por eso hablamos tan fuerte, como
“esperando la tácita ovación del público”.
Como si fuéramos toreros, vamos, añado yo.

Mercedes Abad,
escritora española
residente en Barcelona.
Colabora con ECOS
desde 1996. Su último
libro La niña gorda se
publicó en Páginas de
Espuma.

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Olvídese
de leer, de
pensar
o de escribir...
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